Viendo de nuevo una de mis películas favoritas ("Bailando con lobos"), pienso de nuevo en la mala fama que han recibido los lobos a lo largo de la historia, los cuales ha sido despojados de sus territorios paulatinamente por los humanos, dejándoles sin terreno de caza para ganadería, sin llegar a ningún pacto o situación intermedia, los lobos han necesitado buscar formas de supervivencia y a veces han atacado rebaños de ovejas y no por el placer de la caza, sino por necesidad. Es por ello que al fastidiar al hombre (o ser humano, para los que prefieren el lenguaje políticamente correcto, ya que no pienso poner hombres/mujeres, ya que siempre me he sentido integrada en el colectivo con ese término) han sido castigados no solo con exterminio sino también con mala fama. Los lobos no son malos, hacen lo que tienen que hacer para sobrevivir y rara vez atacan a las personas. Hay más casos de ataques de persona a persona que de lobo a persona... que os voy a contar.

De pequeños, a todos nos han contado cuentos de lobos feroces. A mí me cantaban cuentos de lobos buenos, con el dulce acompañamiento de las cuerdas pulsadas de una guitarra.
Debo confesar que mientras hacía esta entrada una emoción inesperada a aflorado poniéndome un nudo en la garganta, en especial al oir la música de Paco Ibáñez, que mi padre tocaba para mi hermana pequeña y para mí cuando apenas teníamos 3 y 6 años respectivamente.
Música de Paco Ibáñez
Poema de José Agustín Goytisolo
Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez,
cuando yo soñaba
un mundo al revés.
---
